Por qué Ferrari decepcionó a Hamilton en Hungría: el análisis de Ralf Schumacher
El ex piloto Ralf Schumacher criticó la estrategia y el paquete técnico de Ferrari tras la carrera de Lewis Hamilton en el Hungaroring. Una mirada técnica al porqué del rendimiento de los SF-24.
La carrera de Hungría dejó más preguntas que respuestas para Ferrari y, sobre todo, para Lewis Hamilton. El séptimo puesto del heptacampeón, lejos de las expectativas que generó su llegada a Maranello, volvió a poner bajo la lupa el trabajo del equipo italiano. Ralf Schumacher, que no suele guardarse opiniones, fue uno de los primeros en apuntar directamente contra las decisiones técnicas y estratégicas de la Scuderia.
Desde el vamos, el Hungaroring expuso las limitaciones del SF-24 en un circuito donde la tracción y el balance son clave. Hamilton se quejó durante todo el fin de semana de subviraje en las curvas lentas y de falta de confianza en el tren delantero. El auto parecía tener dos caras: rápido en clasificación, pero difícil de manejar en carrera larga. Ralf no dudó en vincular ese comportamiento a la filosofía aerodinámica que Ferrari arrastra desde hace varias temporadas.
"Ferrari sigue sin entender del todo cómo funciona el suelo en este reglamento", señaló Schumacher. El alemán, que sigue de cerca la evolución de los equipos como comentarista, cree que el concepto de piso y difusor del SF-24 genera una ventana de funcionamiento demasiado estrecha. Cuando la pista no ofrece el grip ideal o las temperaturas suben, el auto pierde eficiencia aerodinámica de golpe. Eso fue exactamente lo que se vio en Budapest: un Mercedes más predecible y un McLaren que, aunque con sus propios dramas, mantuvo mejor el ritmo de carrera.
La estrategia tampoco ayudó. La decisión de mantener a Hamilton en pista con neumáticos que ya habían perdido rendimiento, en lugar de cubrir a los rivales directos, fue duramente criticada. Ralf Schumacher recordó que, en circuitos como Hungría, la gestión de las gomas y la anticipación en los pits marcan la diferencia entre pelear el podio y terminar en el medio del pelotón. Ferrari optó por una estrategia conservadora que terminó dejando al británico expuesto al tráfico y sin margen de maniobra.
Esto no es solo un problema de una carrera. Desde que Hamilton se subió al Ferrari, el equipo ha tenido que adaptar su forma de trabajar a un piloto que exige un balance muy específico. El heptacampeón viene de años en un Mercedes que priorizaba la estabilidad en frenada y la rotación en curva media. El SF-24, en cambio, parece necesitar más carga aerodinámica en la parte trasera para sentirse estable, lo que genera ese subviraje que tanto molestó en Hungría.
Ralf también tocó un punto sensible: la comparación interna. Charles Leclerc, que conoce el auto desde hace años, terminó por delante y con un mejor ritmo de degradación. Eso abre el debate sobre si Ferrari está desarrollando el auto pensando más en el monegasco que en las demandas de Hamilton. Schumacher cree que el equipo italiano debe tomar decisiones rápidas en el túnel de viento y en el simulador si quiere que la dupla funcione de verdad.
Desde el punto de vista técnico, el Hungaroring es un circuito que castiga los errores de concepto. Con sus 14 curvas, cuatro de ellas de primera o segunda marcha, pone énfasis en la mecánica de suspensión y en la aerodinámica a baja velocidad. El DRS poco influye en un trazado tan sinuoso, por lo que el ritmo puro en tracción y frenada define el resultado. Ferrari falló en ambos aspectos durante la carrera del domingo.
El análisis de Ralf Schumacher va más allá de la crítica puntual. Señala un problema estructural que arrastra Ferrari desde el cambio de reglamento de 2022: la dificultad para generar downforce consistente sin perder eficiencia en recta. Mientras Red Bull y McLaren parecen haber encontrado un compromiso más amplio, el SF-24 sigue siendo un auto de "una vuelta" en muchos circuitos. Eso explica por qué Hamilton, a pesar de su experiencia, no pudo extraer más del paquete en carrera.
Para el comprador argentino que sigue la F1 como laboratorio técnico, el caso Ferrari-Hungría es un ejemplo claro de cómo un concepto aerodinámico equivocado se traduce en frustración deportiva. No alcanza con tener un motor potente o un chasis rígido; el suelo y la gestión de los flujos debajo del auto son los que hoy marcan la diferencia.
Ralf concluyó su análisis pidiendo que Ferrari deje de lado las excusas y se concentre en entender por qué su auto pierde tanto rendimiento de clasificación a carrera. Hamilton, mientras tanto, deberá seguir adaptándose a un equipo que todavía no le dio el auto que esperaba. La decepción de Budapest no es solo un mal resultado: es la confirmación de que, en 2025, Maranello todavía tiene deberes pendientes en el túnel de viento y en la pizarra de estrategia.