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Bradley Cooper recrea el GP de Mónaco 1962 para filmar la precuela de La Gran Estafa

El actor y director estadounidense transforma las calles del Principado en un circuito de los años 60 para rodar la nueva película ambientada en el mundo de la Fórmula 1, con atención al detalle histórico y técnico de la época.

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Monoplaza de carreras tomando una curva cerrada

La llegada de Bradley Cooper a las calles de Mónaco no pasó desapercibida. El actor y director, conocido por su trabajo en producciones como A Star is Born, está al frente de la precuela de La Gran Estafa (The Sting), y para lograrlo decidió recrear con precisión el Gran Premio de Mónaco de 1962.

El rodaje, que se desarrolla estos días en el Principado, transforma el circuito urbano más icónico del calendario de Fórmula 1 en un escenario retro. Cooper busca capturar la atmósfera, los autos y la estética de principios de los años 60, cuando los monoplazas todavía usaban motores delanteros en algunas categorías y los pilotos corrían con cascos simples y poca protección aerodinámica.

Según los reportes del set, el equipo de producción cerró sectores clave del trazado monegasco para filmar secuencias de carrera con vehículos de época. No se trata de una simple ambientación: se replicaron detalles técnicos como los escapes, los neumáticos de la época y hasta la señalización de los boxes tal como se veían en aquella temporada de 1962, cuando Graham Hill ganó la prueba para BRM.

Esta no es la primera vez que Hollywood pone la mira en el automovilismo. Películas como Rush o Ford v Ferrari ya demostraron que el rigor técnico en la recreación de autos y circuitos es clave para convencer al público fierrero. En este caso, la precuela de La Gran Estafa –clásico de 1973 protagonizado por Paul Newman y Robert Redford– parece incorporar el glamour, el riesgo y las apuestas que rodeaban al Gran Circo en los años dorados.

El guion, aún bajo reserva, promete mezclar intriga, estafas y velocidad, elementos que encajan perfectamente con la historia del GP de Mónaco. Aquel 1962 fue un año de transición: los motores Coventry Climax y BRM dominaban, los autos pesaban alrededor de 500 kilos y la seguridad era prácticamente inexistente comparada con los estándares actuales. Recrear eso exige no solo autos de colección sino también un trabajo exhaustivo de vestuario, peinados y hasta la tipografía de los carteles publicitarios de la época.

Cooper, que además de dirigir actúa en la película, ha sido visto supervisando de cerca las tomas de acción. Fuentes cercanas al rodaje indican que se priorizó el uso de autos reales en lugar de efectos digitales excesivos, una decisión que eleva el costo pero que permite capturar el sonido, el movimiento y la vibración auténtica de aquellos bólidos.

Para el automovilismo argentino, este tipo de producciones refuerzan el interés global por la F1 y sus leyendas. Aunque la categoría madre hoy esté dominada por la aerodinámica y los híbridos, mirar hacia atrás sirve para entender por qué el GP de Mónaco sigue siendo la joya de la corona: un circuito que, con casi los mismos bordes de vereda que en 1962, sigue desafiando a los pilotos modernos.

El estreno de la película todavía no tiene fecha confirmada, pero el solo hecho de que un nombre como Bradley Cooper haya elegido el automovilismo de los 60 como telón de fondo ya genera expectativa entre los fanáticos. Mientras tanto, los aficionados que se acerquen estos días a Mónaco podrán ver de cerca cómo se filma una página de historia del deporte motor.

Fuente: Motorsport.com Latinoamérica

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