Por qué la victoria de Leclerc en Ferrari marca un punto de inflexión técnico
El monegasco rompió una sequía de 623 días al ganar en el GP de Italia. Más allá del resultado, el SF-24 mostró un balance aerodinámico y de gestión de neumáticos que explica el salto de rendimiento de Ferrari.
La victoria de Charles Leclerc en el Gran Premio de Italia no fue solo un desahogo después de 623 días sin ganar. Fue la confirmación de que Ferrari encontró, por fin, un balance aerodinámico que le permite explotar el SF-24 en circuitos de alta velocidad y alta carga como Monza.
Desde el arranque del fin de semana, el SF-24 mostró un comportamiento más predecible en las curvas rápidas. El equipo logró reducir el porpoising residual que todavía molestaba en versiones anteriores del concepto de piso y, sobre todo, mejoró notablemente la gestión de los neumáticos delanteros. Eso permitió a Leclerc mantener un ritmo constante en stint largo con gomas duras, algo que no había sido su fuerte en las últimas temporadas.
El reglamento técnico de 2022, que introdujo el efecto suelo, obligó a todos los equipos a repensar la filosofía de chasis. Ferrari apostó fuerte por un concepto de piso agresivo que generaba mucho downforce pero que, a la vez, era muy sensible a las variaciones de altura. Durante 2022 y buena parte de 2023 ese concepto se mostró inestable. La evolución de 2024, en cambio, parece haber encontrado el compromiso correcto entre rigidez torsional, flexibilidad controlada del piso y distribución de pesos.
Técnicamente, el salto se nota en dos áreas clave: la eficiencia aerodinámica en recta y la capacidad de rotación en las curvas de media y alta velocidad. En Monza, donde la relación entre potencia y carga aerodinámica es crítica, el Ferrari demostró que podía circular con alerón trasero más cerrado sin perder velocidad punta respecto a Red Bull y McLaren. Eso se tradujo en una ventaja clara en las zonas de frenaje y re-aceleración de la primera y segunda chicana.
Leclerc, que siempre se destacó por su capacidad de extraer lo máximo del auto en clasificación, ahora parece estar encontrando también el feeling en carrera. La diferencia de ritmo con su compañero Carlos Sainz fue mínima durante todo el fin de semana, pero el monegasco administró mejor las temperaturas de los Pirelli en las tandas largas. Ese detalle, que parece menor, es el que separa a los contendientes del podio de los que pelean por ganar.
Desde el lado estratégico, Ferrari optó por una detención temprana que sorprendió a más de uno. La decisión se basó en datos de simulación que mostraban que el compuesto medio aguantaría mejor de lo esperado en el primer stint. Una vez al frente, Leclerc solo tuvo que administrar una ventaja que rondó los 4 segundos sobre los McLaren. La fiabilidad del motor 066/10, que ya había demostrado solidez en Spa, volvió a ser clave.
Esta victoria no borra los problemas crónicos de Ferrari en otros circuitos de baja carga aerodinámica ni las dificultades históricas del equipo para desarrollar el auto a lo largo de la temporada. Sin embargo, sí confirma que el concepto actual del SF-24 tiene potencial para pelear de igual a igual con Red Bull y McLaren en determinados escenarios.
Para el aficionado argentino que sigue la Fórmula 1 como un complemento del Turismo Carretera o el TC2000, el dato técnico es claro: cuando un equipo logra estabilizar el piso y alinear el centro de presión aerodinámica con el centro de gravedad del auto, el piloto puede empujar sin miedo a perder el tren trasero. Eso fue exactamente lo que se vio en Monza.
Queda por ver si esta evolución es un pico aislado o el comienzo de una tendencia. Lo que sí está claro es que, después de dos años y medio de frustraciones, Ferrari volvió a ganar en el templo de la velocidad con un auto que, por primera vez en mucho tiempo, parece haber encontrado su sweet spot técnico.