Turismo Carretera

El hincha de Ford que busca un nuevo título en el TC

En un Turismo Carretera cada vez más dominado por las Chevy, los fanáticos del óvalo esperan con ansiedad el momento en que un Ford vuelva a cortar la racha. Historia, reglamentos y por qué el Torino y el Falcon siguen siendo símbolos de una pasión que no se apaga.

Publicado el 16 de julio de 2026, 00:05 hs

El hincha de Ford en el Turismo Carretera es una especie en peligro de extinción, pero no por falta de pasión. Mientras los Chevrolet acumulan campeonatos consecutivos y los Dodge mantienen su cuota de protagonismo, el óvalo busca desesperadamente volver a la cima. Esa sequía no es solo numérica: desde el título de Guillermo Ortelli con el Falcon en 2000, Ford no levanta una copa en la máxima categoría del automovilismo argentino.

Para entender esta historia hay que remontarse a los reglamentos técnicos que marcaron el devenir del TC. Durante décadas, el Ford Falcon y el Torino fueron las armas naturales del óvalo. El Falcon, con su motor seis en línea de 221 o 230 pulgadas cúbicas según la época, y el Torino con su impulsor V8 de 3.0 o 3.6 litros, definieron épocas gloriosas. El reglamento actual del TC, que permite motores nafteros de hasta 4100 cm³ con carburador o inyección electrónica según la clase, mantiene viva esa tradición, aunque la paridad mecánica es mayor que nunca.

El peso mínimo actual ronda los 1350 kilos para los autos de TC y la aerodinámica ha evolucionado notablemente con los nuevos kits de trompa y alerones que igualan prestaciones. Sin embargo, los preparadores que trabajan sobre chasis Ford admiten que todavía existe una pequeña brecha en el comportamiento en las zonas de alta velocidad y en la salida de las curvas lentas respecto de los Chevrolet. Esa diferencia, aunque se mide en décimas, se paga caro en un campeonato tan cerrado.

El último gran momento de Ford en el TC fue a fines de los 90 y principios de los 2000, cuando pilotos como Ortelli, Juan María Traverso (en su etapa con el óvalo) y hasta el propio Oscar Castellano lograron victorias resonantes. Pero desde entonces, la marca acumula más frustraciones que festejos. En los últimos cinco años, apenas un puñado de podios y ninguna victoria en finales decisivas. Los hinchas del Falcon y del Torino, sin embargo, siguen poblando las tribunas con su inconfundible color azul y los cánticos que recuerdan las hazañas de los años 70 y 80.

Desde el punto de vista técnico, el reglamento del TC permite a los equipos Ford utilizar el mismo tipo de diferencial que sus rivales y las suspensiones independientes en el eje trasero que se generalizaron hace ya una década. La diferencia no está tanto en las reglas como en la experiencia acumulada por los equipos Chevrolet, que han refinado cada detalle del setup en circuitos tan disímiles como Vuelta del Rápido o el Gran Premio de Buenos Aires.

Aun así, cada vez que un Ford se pone en la primera fila de la grilla, las tribunas se llenan de un rumor especial. Es el ruido de la esperanza de miles de hinchas que, generación tras generación, heredaron la pasión por el óvalo. Esa hinchada creció escuchando las hazañas de los “truenos azules”, de los duelos épicos entre el Falcon y el Chevrolet de los hermanos Di Palma, y de las corridas memorables de los Torino en los autódromos del interior.

El TC Mouras y el TC Pista sirven hoy de semillero para nuevos talentos que eligen Ford, pero la brecha económica y de desarrollo con respecto a las Chevy es notoria. Aun con el tope presupuestario y las regulaciones de motores que intenta imponer la ACTC, los equipos oficiales y semi-oficiales de Chevrolet siguen teniendo una ligera ventaja en recursos.

¿Puede un Ford ganar el campeonato en el corto plazo? Técnicamente es posible. El reglamento actual es de los más equilibrados de la historia del TC y los ingenieros de las distintas marcas han logrado acercar mucho las prestaciones. Lo que falta, quizá, es ese piloto con el talento y la fortuna necesarios para capitalizar las pocas oportunidades que se presentan. Mientras tanto, el hincha de Ford sigue yendo al autódromo con la misma fe de siempre.

Porque en el Turismo Carretera, más que una categoría deportiva, es un patrimonio cultural. Y dentro de ese patrimonio, el Ford representa una identidad, una forma de entender las carreras: con garra, con tradición y con la certeza de que, tarde o temprano, el óvalo volverá a brillar. Hasta que llegue ese día, los cánticos en las tribunas seguirán sonando cada vez que un Falcon o un Torino asome en los primeros puestos. Es la forma que tiene el hincha de Ford de decir que, aunque pase el tiempo, su pasión sigue intacta y sigue buscando ese nuevo título que tanto se le niega.

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